El masaje clásico: un intercambio bioenergético
El ser humano tuvo como comunicación primaria, esencial, primordial, el
contacto. Este es el método de intercambio común con los animales. Los niños
reproducen esta situación al acariciarse y tocarse frecuentemente.
Lamentablemente, en la sociedad occidental actual esto es mal visto. La
comunicación se ha centrado en forma principal en los sentidos de la vista y
audición, dejando de lado ese otro canal más esencial. Esto crea una grave
limitación en el conocimiento de sí y de los demás.
La inhibición en el contacto va desarrollando también la incapacidad de
expresarse corporalmente. Las malas posturas al caminar, sentarse y estar de
pie causan también un desequilibrio emocional y mental, pues cada uno de
nuestros niveles de expresión se encuentran relacionados.
Si estás con vibraciones positivas, puedes transmitir a los demás tu
bioenergía y llenarlos de salud y amor. Puedes dar masajes a tu pareja,
familiares, amigos, bebés, animales regalones, etc. A todos los que amas y, si
tienes valor, también a los que todavía no amas.
El
masaje es un proceso natural. Desde nuestro nacimiento recibimos las caricias
maternas indispensables para provocarnos seguridad y deseos de vivir. Podemos
incluso decir que el masaje se produce desde que estamos en el vientre
materno.
Cuando niños, aún con pocos condicionamientos, seguimos practicando el
contacto, la caricia. Una vez que nos vamos incorporando a la sociedad
occidental actual, comenzamos la inhibición y nos perdemos este maravilloso
canal de comunicación.
El masaje lo reestablece en forma permitida. Este es el principal,
objetivo. Comunicarse profundamente, a un nivel olvidado, con otro ser humano.
Además tiene diversos beneficios para la salud. Los diversos tipos de
amasamientos permiten activar las terminaciones nerviosas y linfáticas. Activa
la circulación sanguínea. Renueva la piel, lubricándola y limpiándola de
células muertas y de las acumulaciones de materias grasas.
El masaje produce una excitación de las extremidades terminales de los
nervios ganglionares en la región correspondiente. Esta excitación es
transmitida al sistema entero provocando un equilibrio en nuestra energía
vital.
Las presiones del masaje ayudan al reblandecimiento de músculos
endurecidos, provocan una reacción vital de miembros u órganos, haciendo
acudir a ellos mayor cantidad de sangre.
El masaje es una comunicación en una frecuencia nueva y diferente. Es una
experiencia física y mental difícil de describir. Se penetra a una región
similar a la de la meditación. La confianza, empatía y respeto, una sensación
de pura y mutua existencia, puede ser expresada con plenitud jamás igualada
con las palabras.
El masaje es fundamental para ayudar a toda persona a mantenerse en salud.
Pero es especialmente indicado en las siguientes enfermedades: anemia,
neurosis, artritis, gota, obesidad, diabetes, reumatismo muscular, debilidad
general, fatiga, sedentarismo.