Cómo ayudar a niños a superar la tartamudez

Este problema del habla, también conocido como disfluencia patológica, puede detectarse a temprana edad. Con ayuda de un experto y el total compromiso de la familia, es posible lograr que un menor desarrolle estrategias para que su comunicación sea totalmente fluida.

 

Noemí Miranda

Durante ocho años, James Earl Jones -el actor que prestara su voz para personificar a Darth Vader en La Guerra de las Galaxias- no dijo una sola palabra. Durante su adolescencia, enamorado de las artes dramáticas, comenzó a recitar a campo abierto y a solas las obras de Shakespeare. Hoy es uno de los personajes más citados para mostrar que la tartamudez se puede superar. Su caso no es el único: Bruce Willis, el hombre duro del cine, también tartamudeaba y lo superó a través de la actuación, y Marilyn Monroe creó su carismática forma de hablar cuando descubrió que le permitía controlar las repeticiones y conversar fluidamente.

Un caso menos conocido pero igualmente digno de elogios es el del doctor David Shapiro, experto en Patologías del Lenguaje de la U. de Western Carolina (EE.UU.) y autor de "Intervención sobre la tartamudez". El médico comenta a La Tercera que "fui incapaz de hablar durante 20 años debido a una tartamudez severa. Después de dos décadas de silencio y con ayuda de terapeutas logré salir adelante". Shapiro entrega una serie de recomendaciones parea padres con niños que presentan esta condición.

 

Raíces genéticas
La tartamudez, o disfluencia patológica, es una condición que tiene raíces genéticas y neurológicas. La experta en problemas del habla Andrea Bruna explica que "entre los dos y los cuatro años, cuando los niños adquieren en forma exponencial una vasta cantidad de palabras y conceptos, puede darse cierta disfluencia en forma natural. Es el momento en que los padres deben prestar atención -sin decir nada al niño- y pedir orientación de un fonoaudiólogo, quien les dirá si deben o no llevarle al menor". Esto en el caso de que el niño presente repeticiones en las palabras (ta-ta-ta-rro), prolongaciones (sssssopa o mmmamá), interjecciones (el niño fue-fue-fue a jugar) o pausas (quiero el [pausa] auto o quie[pausa]ro el auto).

 

No decir nada al niño
Si un experto ha diagnosticado algún grado de disfluencia, dice el doctor Shapiro, y si se trata de un menor en edad preescolar (dos a cinco años) "es indispensable que los padres no digan nada al menor ni llamen su atención sobre un problema del cual quizás aún no se ha dado cuenta". Al llamar la atención del niño sobre su disfluencia sentirá que hay algo malo o incorrecto en su forma de hablar, lo que agregará una tensión innecesaria y hará que esté pendiente de cómo va a decir cada palabra.

 

Hablar con calma
Los padres y los hermanos son el modelo más importante de comunicación verbal que tiene un niño. Por ello, los expertos recomiendan que al jugar con el pequeño los adultos controlen su tono de voz, hablarle con mucho cariño y en forma muy pausada, modulando e hilando con claridad las palabras. El niño tenderá a imitar la forma en que hablan sus padres, reduciendo los episodios de disfluencias.

 

No preguntar demasiado
Andrea Bruna destaca que los niños se angustian si es que los padres les hacen demasiadas preguntas sobre sus actividades diarias: "Para lograr que el niño converse en forma natural, los papás deben situarse a su altura, sentarse en el suelo, por ejemplo, contarle al niño las cosas que ellos hicieron en el día y preguntarle en tono muy cariñoso qué hizo él". Luego, proponer actividades y dejar que el niño vaya decidiendo los juegos, poniendo las reglas y guiando su desarrollo.

 

Refuerce la fluidez
Cuando el niño ya está en etapa escolar, refuerce y felicite aquellos momentos en que habla con fluidez. El menor siente que está haciendo algo bien y desea seguir haciéndolo, por lo que quizás encuentre sus propias técnicas para hacerlo. Ayúdelo a descubrir en qué momento comienza a perder fluidez para saber qué factores alteran su habla. De esa manera, podrá controlarlos con ayuda de su fonoaudiólogo.

 

 
Nunca interrumpa
La experta Andrea Bruna explica que uno de los peores errores que los padres cometen es terminar lo que un niño está diciendo: "Cuando vienen a conversar conmigo y noto que hacen eso, les pido que piensen cómo se sentirían si hubiesen elaborado un proyecto súper difícil para presentarle al jefe y cuando lo están mostrando y van a llegar a la parte entretenida, un compañero que hizo una parte menor termina de contar la idea. Es este último el que termina recibiendo la atención y las felicitaciones". De esta forma, la experta grafica la impotencia que siente un niño cuando trata de decir lo que está pensando y alguien habla por él. El doctor David Shapiro agrega que "el efecto de las interrupciones puede incluso llegar a agravar un cuadro de disfluencia, ya que el niño estará pendiente de no tartamudear para que no lo interrumpan. Al hablar por él, los padres le están restando importancia a su esfuerzo y le quitan motivación para que siga superándose".

Publicado en diario "La Tercera" de Chile.


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