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Investigación periodística del diario "El Mercurio" de
Santiago de Chile, muestra la seriedad y calidad del Curso de Lectura Veloz del
Instituto Círculo Aleph. Además, muestra que es el curso más barato del
país.
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Santiago
de Chile, Sábado 13 de diciembre de 2003.
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MÉTODOS
COMPLEMENTARIOS DE EDUCACIÓN Muchas promesas y poca fiscalización:
¿Súper
lectura veloz?
Cada
vez son más los centros e institutos que ofrecen cursos de lectura rápida
con altos niveles de comprensión. Aunque el objetivo es loable, hay que
tener cuidado de caer en manos inadecuadas.

MARILY LÜDERS M. y M. ÁNGELES NAUDON D.
Si las promesas de algunos cursos de lectura veloz
fueran ciertas, una persona podría leer este reportaje de poco más de
2.000 palabras en sólo un minuto. Pero lo más seguro es que se demore
unas diez veces más, ya que, según la Unesco, el ritmo de lectura del
92% de las personas es de entre 180 y 220 palabras por minuto. Sólo un
3% de la población cae bajo el calificativo de "lector
profesional", y lee 2.000 palabras por minuto.
La lectura veloz es un tema de moda: "Aunque
la oferta aún es pequeña en comparación con cursos de idioma o
computación, hay conciencia de lo importante que es tener herramientas
de este nivel", explica Pamela Sevilla, sicóloga y directora de
Lectura Veloz, un centro de capacitación con unos 20 inscritos
mensuales, además de empresas. Agrega que algunas universidades, como
la de Chile, incluyen estos cursos como parte de los electivos de
formación general.
La oferta en Chile es amplia: sólo en Santiago hay
una docena de centros que ofrecen técnicas de aprendizaje y lectura
veloz, en una parrilla que incluye también opciones de computación o
relaciones laborales, por ejemplo.
El abanico de posibilidades abarca todo tipo de
alternativas, con distintas orientaciones. Desde el Círculo Aleph, con
un sello "holístico", cuya principal motivación es ayudar a
que las personas sean todo lo que puedan ser, hasta el centro de Carlos
Quiroga, que se autodefine como el "profesional que más sabe del
tema en el país". Asegura haber creado un método propio, el
"Superlectura veloz", y haber entrenado a medio millón de
personas. Hay otros centros de capacitación orientados a empresas y
algunos que vienen desde el extranjero a difundir técnicas de
aprendizaje.
Los precios varían mucho. La directora de Lectura
Veloz sabe de cursos que van de $40.000 a $1.200.000, ofreciendo
similares resultados. El suyo cuesta $95.000, con 10 sesiones de 2 horas
pedagógicas.
"Alumnos nuestros han averiguado en otros
lugares y el precio inicial ha superado el millón de pesos, pero después
de 30 minutos ha bajado a $350 mil", asegura Pamela Sevilla.
Gran parte de estos programas opera con código
Sence (Servicio Nacional de Capacitación y Empleo), que establece un
precio de $3.800 por hora y es una franquicia tributaria para las
empresas.
Promesas seductoras
El instituto Técnicas Americanas de Estudio
garantiza en volantes y letreros que los estudiantes leerán "un
libro de 200 páginas en 20 minutos, comprendiendo y reteniendo el
100%". Carlos Quiroga asegura en su página web que tras terminar
el curso los participantes leerán 1.000 o 1.500 palabras por minuto.
Todos los institutos dicen tener profesionales
formados, psicopedagogía de primer nivel y métodos exclusivos y
efectivos.
¿Hay cursos que no cumplen lo prometido? Pamela
Sevilla, de Lectura Veloz, dice que sí, que "hay centros que
magnifican el método, llevándolo casi a lo mágico".
Algunos profesionales de la educación no
consideran que estos métodos sean efectivos. Consultados varios
colegios privados, con recursos para implementar programas
complementarios, explican que no los incluyen en sus mallas porque no
han visto hasta el momento mayores mejoras en los alumnos que han tomado
cursos de lectura veloz por su cuenta. Dicen que hay que tener cuidado
con cursos que prometen demasiado o que usan trucos para convencer a los
alumnos de que han avanzado.
Un caso mencionado puede ser el uso de textos difíciles
al principio y fáciles al final, de manera que el postulante parta
leyendo poco y termine leyendo muchas más palabras no porque haya
mejorado en velocidad y comprensión, sino porque el segundo relato es más
simple. "Si lees la Caperucita Roja, lees mucho más y comprendes
todo porque es un lenguaje infantil y sabemos la historia", ironiza
un profesor.
Otro tema recurrente es que los monitores culpan a
los propios participantes de no ejercitar en la casa y justifican así
el que no se llegue a las metas prometidas. "¿Cómo le pruebo yo
al profesor que realmente le dediqué el tiempo que me exigían? Ante el
fracaso, siempre el culpable va a ser el alumno y no el método",
cuenta un ex alumno.
Cursos de cursos
Un factor que puede ayudar a diferenciar cursos
serios de aquellos que son sólo voladores de luces, es el número de
horas de entrenamiento. Por muy genio que una persona sea y mucho que
entrene, cambiar los hábitos de lectura no es como cambiarse de camisa.
Hay consenso en que los programas "relámpago", de pocas
sesiones, no son efectivos en la mayoría de los casos.
Esto porque, al parecer, lo que hacen estas técnicas
es ejercitar a la persona para que cambie su manera de leer y eso no se
puede hacer en tan corto plazo: "Si uno ha pasado décadas leyendo
de una manera, cómo pretender cambiar en un par de horas. Es como
aprender a caminar de nuevo", comenta un profesional del sector.
Por ejemplo, hay que erradicar hábitos que tenemos
muy internalizados, como verbalizar al momento de leer. Sergio Valdivia,
rector del Círculo Aleph, explica que "hablamos a una velocidad de
150 palabras por minuto y como normalmente tenemos un diálogo interior
cuando leemos, si no aprendemos a cambiar esta costumbre no pasaremos de
ese nivel".
Carlos Quiroga explica que su curso consta de 8
sesiones de 2 horas pedagógicas cada una, pero que por el mismo precio
incluye además dos libros que él mismo ha escrito y publicado en su
propia editorial. Con estos textos, el estudiante puede entrenarse
adicionalmente, argumenta.
Sin embargo, los profesores consultados dicen que
es utópico pensar que la gente en su casa puede alcanzar los niveles
prometidos. "Muchas personas llegan a los centros precisamente
porque necesitan respaldo, seguir un método por libro requiere una
decisión que casi nadie tiene", comenta Lorena Martínez, monitora
de Técnicas Americanas de Estudio.
Entonces ¿qué resultados se obtienen en cursos
cortos que descansan en material autodidacta? Carlos Quiroga es muy
optimista y dice que "los miles (se niega a precisar el número
exacto)" de alumnos que él tiene anualmente y que entrena de
manera personal como único profesor de su instituto, salen leyendo
todos entre 5 y 10 veces más.
¿Y si la persona es disléxica o no tiene las
capacidades intelectuales para avanzar rápido? La mayoría de los
institutos se comprometen a dejar que los alumnos repitan gratis el
curso hasta que logren los objetivos planteados.
"Nadie en el mundo puede decir que Carlos
Quiroga no sirve para nada", responde este pedagogo ante las críticas
planteadas y argumenta que sus apariciones en programas como Sábados
Gigantes y los avisos publicitarios en diarios de circulación nacional
por décadas, avalan su seriedad.
Eso sí, dice que hay otros que plantean promesas
falsas, "lograr leer El Mercurio en 3 minutos no es
verdadero", dice.
Coincide Sergio Valdivia, del Círculo Aleph, quien
afirma que tras erradicar los malos hábitos se puede llegar a las 300
palabras por minuto, que un buen lector avanzará entre 400 y 600, pero
que más de 1000 "es solamente fantasía para la gran mayoría de
las personas".
Explica que muchas veces se confunde lectura veloz
con lectura diferencial, que es leer la introducción, el índice y los
primeros párrafos para hacerse una idea del libro, pero eso no
significa que uno lea el texto en poco tiempo.
Para evitar engaños, algunos centros de capacitación
han puesto objetivos más realistas. El centro Quinta Era, orientado a
la capacitación de ejecutivos, se compromete como mínimo a doblar el número
de palabras leídas y como máximo multiplicarlas por 10, dependiendo de
las capacidades y de lo que se practique. María Ester Villanueva,
directora, cuenta su caso: fue disléxica y tras entrenarse pudo doblar
el número de palabras leídas, pero no puede pretender llegar a más
que eso.
El papel del Sence
¿Hay alguien que fiscalice la efectividad de estos
métodos? Muchos de los centros usan como argumento de su seriedad el
estar incluidos en la franquicia del SENCE. Hay 19 cursos registrados en
este organismo y este año hay sólo unos 100 alumnos inscritos, lo que
es marginal para el total de personas (más de 800 mil) que anualmente
se capacitan a través de este sistema.
Con respecto a la calidad, hay que aclarar que no
porque tengan este código se puede hablar de un control que evite que
las personas se sean estafadas.
Jossie Escárate, directora del SENCE, explica que
este organismo no garantiza a los usuarios que los cursos inscritos sean
efectivos, lo que se asegura es que se cumplirán las horas prometidas y
que la infraestructura y el personal son adecuados a los objetivos
planteados. "No verificamos si aprenden, eso lo ve el cliente, es
él el que tiene la responsabilidad de revisar si el curso funciona o
no", agrega.
¿Reciben denuncias de irregularidades? Escárate
explica que sólo les compete investigar si no se han cumplido el número
de horas o que no se consigne la asistencia al curso, que es la manera
de aceptar la franquicia. No tienen suficiente personal para fiscalizar
todo, sólo 15 funcionarios en Santiago y 12 en regiones.
Aunque recalca que no es labor del SENCE determinar
la calidad de los cursos, cuenta que están trabajando para incluir
comentarios de los usuarios de manera de orientar a las empresas al
momento de escoger. Otro punto en que el organismo está tratando de
avanzar es en impulsar a estos centros de capacitación a acreditarse,
proceso en el que sí se podrá medir la calidad de los cursos ante los
ojos de un organismo independiente.
En el Servicio Nacional del Consumidor (SERNAC)
tampoco hay reclamos en esta materia, al menos en el último año,
cuenta José Roa, director regional metropolitano del SERNAC. Sin
embargo, agrega que parte de ello se debe a que la gente no sabe que la
entidad es un interlocutor válido para ese tipo de temas.
Pero ahora usted lo sabe. Si quiere tomar un curso
no peque de optimista, analice bien la oferta, pida recomendaciones y en
caso de que su capacidad lectora francamente no mejore, haga valer sus
derechos como consumidor.
¿2.000 palabras en 1 minuto?
El instituto Técnicas Americanas de Estudio (TAE)
ejemplifica cómo operan sus programas de lectura veloz. TAE, explica
Brenda Palma, directora regional, es parte de capitales JOM, de origen
colombiano, que en nuestro país tiene además la propiedad de escuelas
de inglés. No tienen claro cómo surgió el método que se promueve a
través de grandes letreros en la calle y un despliegue de publicidad
radial, pero al parecer lo originó un profesor argentino que trabajaba
con personas sordomudas.
El curso básico dura 6 meses, y se van pasando 20
etapas orientadas por un psicopedagogo con el que la persona se reúne
una vez a la semana para ir erradicando progresivamente los malos hábitos
de lectura y para ejercitar los músculos de los ojos de manera de leer
"de a golpes visuales", no palabra por palabra. Para que
funcione se debe practicar individualmente 3 veces al día por 10
minutos. En cada etapa se aumenta el número de palabras y el nivel de
comprensión, para llegar a las 2000 palabras por minuto y con 100%
comprensión.
¿Logran todos llegar? El 2%, según Palma, no
tiene éxito porque normalmente no son constantes. Los que sí lo son
pero no avanzan, pueden demorarse más (hasta un año) en terminar el
curso, pero eventualmente llegarán a la meta de 2.000 palabras por
minuto, entendiendo todo.
Los reclutadores no aceptan a personas con
problemas motrices o visuales o que lean menos de 80 palabras por
minutos con un 20% de comprensión en la primera entrevista. Ellos nunca
llegarán a leer una novela en 20 minutos como se promete a los
restantes 6.000 alumnos anuales que tiene el instituto. Victoria Flores
que está en séptimo básico, entró leyendo 160 palabras por minuto
con una comprensión del 6% y terminó con ¡156 mil palabras por
minuto! ¿Será posible tanto?
A los que egresan, el instituto les pide una carta
donde cuenten cómo les resultó el curso e incluyen, además del RUT
para darle respaldo, el teléfono para que los interesados llamen a
pedir referencias. Llamamos a Samuel Tapia, programador que trabaja en
una empresa de computación y contó que lo han llamado bastantes
personas desde que accedió a dar su testimonio. "Al principio veía
que no avanzaba mucho, pero después tomé un buen ritmo y terminé en 6
meses. Había algunas personas eso sí que llevaban más de un año y no
pasaban del módulo 16", cuenta.
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